Maratón de Berlín: El puente hacia París.

Imagen de portada generada con IA.

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De chiquillos aprendimos a leer en las cartillas Coquito. Pasamos de allí a textos más complejos, pero en mi memoria los que permanecen son Clásicos de la Literatura, Émile Zola, Jane Austen, Fiódor Dostoievski, Víctor Hugo…Particularmente con la obra de Los Miserables, inicio mi idilio con la Ciudad Luz y, aunque la París de Jean Valjean es diferente a la París que yo conocí, fue el recorrido hecho con el alma por sus calles oscuras y sinuosas las que sembraron en mí el deseo de verla algún día. Tendría unos 10 o 12 años quizás, pero amaba esos momentos de sumergirme en un libro y visitar cuanto recoveco del mundo existiera, lo mismo que sucedería cuando preparaba una carrera, ver su altimetría, conocer sus puntos difíciles, y de la ciudad, conocer los sitios de interés históricos. En Berlín: Checkpoint Charlie, las huellas del Muro de Berlín, Alexanderplatz, Berliner Dom…

Más adelante, llegó a mis manos el libro de Germán Espinoza, La Tejedora de Coronas, en donde de la mano de Genoveva Alcocer, mujer excepcional, rebelde, crítica, sexual, atrevida, que hace de París su ciudad por muchos años y de Europa su continente, se afianzó mi idea de conocer París.

Entre los ires y venires de la vida, afortunadamente me encontré con el running y del mismo modo en que me sumergí en la literatura, me sumergí en kilómetros y kilómetros de pensamientos, sentimientos, todos ellos acompañados por el golpetear de las zapatillas contra el asfalto. «Otra loca que corre», frase que suelen utilizar quienes no alcanzan a comprender el significado de lo que es salir a la madrugada, ver el amanecer salpicada de sudor, sentir la brisa del mar que más que ser un obstáculo que superar, se convierte en una compañía que empuja a continuar.

Y así, disfrutando mucho de correr, me inscribí en la lotería para participar en la Maratón de Berlín. Meses después, cuando casi había olvidado que esperaba esta respuesta, llegó al correo el mensaje, «Congratulations, we confirm your participation in the Berlin Marathon». Sí, se puede imaginar la emoción, pero sentirla, solo quien lo vive en carne propia.

Muchas cosas pasaron en ese 2019, sin embargo, como si se me fuera la vida en ello, o mejor, queriendo dejar la vida en ello, entrenaba a doble jornada. Tenía miedo, el futuro me asustaba e inició un bajón emocional en donde lo único que me sostenía era la idea de ir a Berlín y correr sus 42.195 km y, en este camino tener la oportunidad de llegar hasta París, nunca me había sentido tan cerca, ni aun cuando caminaba con Horacio Oliveira por Pont des Arts.

Los exigentes entrenamientos que hacía para estar en forma para la maratón me dejaban tan exhausta que apenas podía pensar en qué iba a hacer. Con café en mano y un futuro con más preguntas que respuestas, hacía planes, buscaba vuelos, trazaba itinerarios. Tenía tres ciudades fijas: Berlín, Ámsterdam y, por supuesto París.

Y como mis días no dejaban de ser inciertos, en una tarde de septiembre, en una tarde triste recuerdo, yo, casi sin saber cómo había llegado allí, me encontraba sentada en un parque de la fría Bogotá…

Afortunadamente traía buena forma de los años previos de entrenamiento, pero seguir con ellos en Bogotá fue muy difícil porque estaba en la etapa en que se requería mayor esfuerzo: las distancias largas. En varias de estas salidas me caí y fue duro porque, durante los años que llevaba corriendo, solo me había ocurrido una vez. En Bogotá, en menos de un mes, ya llevaba tres. Nada que hacer, con cuidado moverme, ver que no tenía nada roto y esforzarme mucho para que los pensamientos que me decían «esta es una señal, no viajes» no dominaran mi mente.

Con los entrenamientos a medias se acercaba la fecha del viaje y, sobreponiéndome a una inoportuna enfermedad, ya sobre el tiempo, alisté la maleta, las zapatillas y emprendí el viaje.

Mi fuerza venía de mis zancadas y aun con la batería a media carga, seguía sosteniéndome en ellas día a día. El espíritu forjado al ritmo de risas y complicidad, de muchos éxitos y unos pocos momentos amargos, del aprendizaje tomado de muy profesionales entrenadores y maravillosos compañeros, colgué mi maleta al hombro, llegué a Houston, luego a Frankfurt y a Berlín, una ciudad que me impactó.

Berlín, la ciudad que estaba lista para recibir a miles de corredores, runners de todo el mundo, muchos idiomas, muchos objetivos y en donde todos nos entendíamos, sentíamos la misma emoción al estar allí, nos dábamos consejos a solo señas, nos deseábamos éxitos y tomábamos fotos. Allí nada nos separaba, éramos todos igual de jóvenes o viejos, no interesa el outfit ni en qué corral estabas. Es un mundo en donde debería vivir el mundo.

Hoy, después de tantos años aún escucho los aplausos, las voces que nos indicaban que era hora de salir a recorrer esta ciudad llena de historia. Había llegado el momento para el que me había preparado, así fuera a medias, con recursos económicos apenas, con la incertidumbre que me había acompañado meses y meses y lo único claro era que estaba a punto de cruzar bajo la Puerta de Brandeburgo y en medio del arrugue de corazón, me sentía feliz por no haber renunciado, por haberle dado a mi vida la oportunidad de conocer la más maravillosa experiencia que es participar en una maratón, de haber sido capaz de agarrarme con fuerza a la tabla salvavidas que desde el primer paso ha sido el running.    

Todo se iba dando, en cada kilómetro procuraba grabar en mi memoria el sitio por el que pasaba, lloviznaba en Berlín, pero no se enfriaba la fiesta del running.

Todavía me esperaba una última dificultad. Algo duro que tuve que afrontar sucedió con mi reloj: estaba bajo de batería y empezó a apagar unas pocas funciones. Durante los últimos kilómetros rogaba que tanto él como yo lográramos cruzar la línea de meta.

Faltando algo más de 150 metros me encuentro con la Puerta de Brandeburgo. En las fotos la sentía pequeña, pero al pasar por allí, su magnitud abrumaba. La emoción en este momento embarga hasta la médula y siento que ha llegado el momento: ¡ondear con orgullo mi bandera colombo-panameña! 

Llegué, entre los vítores de berlineses y visitantes que resonaban por las calles de Berlín, el abrazo en que nos fundimos con der Freiwillige al recibir la medalla y las lágrimas que no paraban.

Al otro lado del mundo había alguien esperando compartir conmigo ese instante. Una llamada, lágrimas, alegría y un grito que todavía recuerdo: ¡Llegamos a la meta!

Una meta más conquistada y el orgullo que no cabe en el pecho.

Otra ciudad recorrida a punta de zapatilla, ya lo que quedaba era tomar ruta a París.

Un rápido paso por Ámsterdam, Bruselas, Brujas y Gante acercándome más a París. Un viaje nocturno en bus para llegar a la Ciudad Luz apenas vislumbrando el día. El cuadro era perfecto, salía medio dormida de la estación de buses de Bercy Seine respiraba el aire parisino, que si contaminado, que si frío, que si lo que fuera…no importaba.

Sin miedo tomé por una y otra calle hasta llegar a la estación del metro. Me perdí, me guiaron generosamente y finalmente salí en la estación de Esplanade de La Défense. Allí, en la plazoleta, pude ver la primera imagen de la Torre Eiffel, solo un pedacito. Sentía que debía ir probando poco a poco aquel momento, como si fuera un delicioso pastel, aquel momento con el que había soñado casi toda mi vida.

Por lo que sabía, el mejor sitio para ver la Torre Eiffel era desde el Trocadéro y hacia allí me encaminé. Al llegar, tomé a la derecha, perdida quizás, pero al girar, ahí estaba ella, imponente, simbólica, mi sueño de infancia hecho realidad. Con los ojos anegados en lágrimas, me detuve frente a ella durante largo tiempo, sintiendo las manos y los abrazos de mis viejos cómplices de aventuras y con quienes en ese momento compartiríamos una frase, para mí un lema que siempre me acompaña: «Corre, Gaby, corre. Así llegaste aquí, así seguirás conociendo el mundo».   

8 respuestas a «Maratón de Berlín: El puente hacia París.»

  1. Qué hermosa experiencia y que recuerdos tan bellos, «corre gaby»

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    1. Muchas gracias guapa, con el apoyo de ustedes logré llegar allí. Si bien, soñaba con el momento, fue mucho el respaldo recibido así que este logro también es tuyo.

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  2. 🔥🔥🔥🔥🔥❤️🫶

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    1. Pronto juntas en una tarea así?

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  3. Me encantó leer tu experiencia en Berlín. Gracias por compartirlo y por mostrarnos Berlín desde tu propia mirada. ❤️
    te extrañamos Gaby

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    1. Nitzia, cuando estaba allí y durante todo el recorrido que hice te llevaba conmigo. Tú y tu grupo de Reto Brisas me apoyaron, gracias siempre!! Yo también te extraño mucho y espero que podamos organizarnos para coincidir en una ciudad y correr juntas. Un abrazo.

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  4. se me enchina la piel leyéndote, cuanta emoción en tus palabras…y las fotos!!! Ufff hablan por si solas!! Estoy muy orgullosa de todo lo que has logrado…gracias por compartir ese gran ejemplo de, que cuando se quiere, se puede!!! *esa banderita panameña* 🥰

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    1. Siles querida…me conoces por mis recuerdos y has sido siempre muy generosa con tu aprecio. Espero poder compartir contigo, conmigo, con todos momentos nuevos, vivencias nuevas, historias, ojalá comunes a las dos. Gracias!! Y claro, mi bandera panameña no falta, allí me hice corredora y allí fue en donde descubrí que si realmente quería las cosas, las conseguiría. Un abrazo grande para tí.

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